jueves, 15 de enero de 2015

Hotel María de Molina, en los cerros de Ubeda

Mi mujer y yo, acabamos de pasar la Noche de fin de año en ese hotel. Habíamos concertado desde Madrid por teléfono, la habitación para ese día y la cena de Noche Vieja. Llegamos al hotel alrededor de las 21 horas, con el tiempo justo para asearnos y cenar. Nos dijeron que no podíamos cenar porque el comedor estaba completo y nosotros no habíamos reservado mesa para esa noche. Ante la desagradable sorpresa, nos dijeron que  no habíamos precisado lo de la cena, sólo la habitación y garaje para el coche. Dijeron que sólo habíamos preguntado si disponían de comedor para esa noche, pero sin dejarlo aclarado. Ante el mal entendido, imposible de llevarlo a una solución, tuvieron la desfachatez de dejarnos salir a la calle, a la aventura de encontrar un lugar donde cenar. A las 10 de la noche, en Nochevieja!!!

No habían sido capaces de solucionar ese problema, de encontrar un hueco y una mesa para nosotros. Después de nuestra infructuosa aventura por las calles de Ubeda en busca de un bar al menos, regresamos al hotel y contamos lo ocurrido. Fue en ese momento y no antes, cuando la luz iluminó la cerrazón de la Dirección: nos subirían una cena a la habitación. Una cena aceptable pero servida en condiciones de tasca de extraradio: servilletas de papel, sin mantel para la mesa, sin copas para el vino, por lo que utilizamos los vasos del baño, etc. Un desastre. A la mañana siguiente, al ir a pagar, por supuesto que habían incluido en la factura hasta las servilletas de papel. Tratamos de convencerles de que por lo que acabo de relatar, bien nos mereceríamos un detalle, qué menos que ser obsequiados con la cena por las molestias recibidas. Qué disparate, nos dijeron, con el precio que tienen las paletillas de cabrito, cómo nos iban a regalar la cena? Al final, tras dura pugna y enfado del responsable del hotel, nos redujeron el precio de la cena a la mitad permitiendo que tuviéramos  casi que mendigarles la cena y sin reconocer ellos lo mal que nos habían tratado.
Por todo lo cual, no recomiendo a nadie este hotel de nombre regio y con la foto de Antonio Muñoz Molina, el escritor nacido allí, colocada en lugar visible del hall del hotel. Una pena, tratándose de un bello edificio renacentista del que, lo único que deseábamos era desaparecer.
Sin embargo, la mañana del primer día del año, la disfrutamos saboreando los exquisitos churros de Úbeda con café en una de sus churrerías. Pero del hotel, como dicen los franceses plus jamais!
Marcel Prof

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