jueves, 3 de noviembre de 2011

Quien ayuda a la pequeña empresa?

En España, o al menos en Madrid existen pequeñas empresas, muy pequeñas diría yo, con diez o menos trabajadores. Se encuentran sufriendo las convulsiones de la crisis como las grandes con la diferencia de que, las grandes cuentan siempre con las negociaciones entre patronal, sindicatos y gobierno, de donde salen acuerdos que permiten a las grandes seguir adelante con su actividad. Además, las grandes cuentan siempre con un ERE que las saque del apuro. Se desprenden de una parte de su plantilla, y una vez liberadas de ese lastre,  pueden continuar su actividad. Y cuando les plazca, simplemente van y se deslocalizan, es decir, se van a otra parte donde los salarios sean más baratos.

Las muy pequeñas, cuando dejan de recibir encargos de sus clientes, se ven en situaciones desesperadas, con riesgo de cierre o quiebra y no es lo mismo. Un ERE a una pequeña empresa le puede llevar a su desaparición, por ello, estas muy pequeñas empresas, casi familiares, con trabajadores que llevan en ellas más de veinte años y de las que han adquirido todo su saber tecnológico y han adquirido una formación profesional, se ven abocadas a intentar llegar a acuerdos con  su plantilla para que colabore en el esfuerzo de salvar la empresa, que es muy importante, pues de ella llevan viviendo desde hace mucho tiempo, y también para salvar su puesto de trabajo evitando así los despidos vía ERE o la quiebra. El esfuerzo que plantean algunas de estas empresas consiste ni más ni menos que en trabajar menos horas, reduciendo la jornada de trabajo para así reducir gasto tal como llevan haciendo en Alemania desde hace muchos años, a cambio de mantener la plantilla al completo. Estos acuerdos no los contempla ninguna ley, lo que lleva a creer a algunos trabajadores que se trata de acto ilegal, cuando de lo que se trata es de un pacto entre trabajadores y empresa, para que todos se salven y en el que ambas partes han de estar de acuerdo con la plantilla al completo. El problema surge cuando se da alguna disidencia.

 Los trabajadores, lo primero que hacen es asesorarse en algún sindicato, donde el asesor les dice que no firmen acuerdos de ese tipo con la empresa, que aguanten a que la empresa quiebre, que se hunda y se vayan todos al Fondo de Garantía Salarial, es decir a aumentar el gasto público y que la empresa desaparezca. O sea, para que nos entendamos, los sindicatos, todavía en el más abyecto de los atrasos, aferradas a arcaicos paradigmas ideológicos, siguen viendo a las empresas como las grandes enemigas del trabajador, ya que representan al capital y lo único que buscan es explotar mediante el engaño a la clase trabajadora, cuando estamos hablando de empresas que se las ven y desean para pagar las nóminas a su plantilla, pagar las cuotas a la Seguridad Social, pagar a sus proveedores, etc. No estamos hablando de la General Motors.

 Estos asesores sindicales del siglo XIX, que siguen leyendo el Manifiesto comunista, no ayudan en nada al mantenimiento del empleo con esa actitud y lo único que fomentan es la desconfianza y el miedo en trabajadores mal informados y peor asesorados. Lo único que la empresa les está pidiendo a sus trabajadores es un pequeño esfuerzo provisional, una ayuda hasta que vengan tiempos mejores, porque todos debemos esforzarnos más en sacar adelante las tareas que nos corresponden. Hay que mirar hacia el futuro porque es ahí donde vamos a pasar el resto de nuestra vida y al futuro se llega manteniendo el empleo. No es algo caprichoso sino una exigencia ineludible en cualquier situación. A los trabajadores también les toca hacer un esfuerzo para sacar adelante las tareas que les corresponden, les toca ayudar a su empresa, no dejándola caer después de haberla levantado. De ella han vivido en la etapa de vacas gordas y no deben dejar que se hunda por la inquina sindical que les lleva a desconfiar en quien les ha dado de comer durante años. Los trabajadores tienen la obligación moral de colaborar para que no desaparezca su empresa y el no hacerlo, contribuye a la destrucción de empleo y de tejido empresarial con la inestimable ayuda de los sindicatos de clase.