miércoles, 5 de diciembre de 2012

Palestina, un Estado en observación?


Tras el reconocimiento por la ONU de Palestina como Estado observador, parece haberse dado un gran paso hacia la consecución de un Estado soberano de pleno derecho. Sin embargo, Israel no ha enviado flores de felicitación a Mahmud Abbas por su éxito, por el contrario los judíos de Israel van a construir más asentamientos coloniales en Cisjordania y, además van a embargar a los palestinos, el dinero que reciben de los tributos que recauda en su nombre el Estado de Israel.
Respecto a esos asentamientos para población judía construidos en territorio ocupado, uno siempre se ha preguntado cual es la procedencia de esa población, si vienen de Israel a ocupar su segunda vivienda tras un discontinuo boom inmobiliario, o se trata de coyunturales olas de judíos perseguidos en algún lugar del planeta o, más bien,  de un boom demográfico que hace aumentar desmesuradamente la población en Israel haciendo la vida allí casi insoportable. Alguien debería explicarlo. Lo único que demuestra es que Israel no suelta la presa, bien atrapada entre sus dientes.
Habrá quien diga, que los hay, sobre todo en el medio académico universitario de nuestro país, que los palestinos tuvieron su oportunidad y no la supieron aprovechar, al no aceptar en 1948, compartir su propio territorio con una población extranjera, de religión judaica, que huía del exterminio que se le había causado en Europa por los alemanes. La verdad es que era para ponerse de los nervios ante tal perspectiva, a pesar de ser los palestinos junto a sus vecinos de la zona, una población acostumbrada durante siglos al dominio y ocupación por el Imperio otomano. Desde el siglo XVI, los árabes habían soportado a los turcos y, que se sepa, sin dar muestras de disconformidad. Pero, alto ahí, con los judíos no, eso de que entraran en sus propias casas para desalojar de ellas a los palestinos, ni hablar. Y claro, es ahí donde, según los que culpan a Palestina de no haber aceptado la partición, está el error palestino. Tenían que haber tragado el sapo y no liar una guerra contra los invasores. Son los mismos que culpan a Palestina de no haber aceptado proclamando que es en ese punto donde empezó el desastre que llega hasta hoy: en 1948. Luego vendría 1967, y 1972, y la Intifada y todo lo demás. Y de todo, la culpa es de los palestinos, por no querer compartir su casa con los extranjeros, con gentes que huían del Holocausto cuando éste ya había concluido y dado a la luz. Los judíos podían haber hecho otra cosa: quedarse en sus países de origen y ayudar a la reconstrucción una vez acabada la guerra en lugar de huir.
Hay que decir a los que culpan a los palestinos de que todo el conflicto empezó en 1948 que ya desde finales del siglo XIX, existía un interés en asignar esas tierras de Palestina a los judíos, buena prueba de lo cual es la creación del movimiento sionista por obra de Theodor Herzl, como reacción a la corriente antisemita que corría por Europa de la que el caso del capitán judío Dreyfus es buena prueba. Ese antisemitismo fue el que impulsó a  Herzl, un austro-húngaro, a convertirse al judaismo y empezar a pensar en la necesidad de crear un Estado judío, preferentemente en Palestina ya que, para él, era inviable la asimilación de los judíos en las culturas y naciones europeas. Ese llamamiento del movimiento sionista, era el que reivindicaba el retorno a la tierra de sus antepasados, apoyándose en el mito de que se trataba de una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra. Por tanto, parece claro que no en 1948, sino más de cincuenta años atrás, existía ya la idea de trasladar a los judíos a Palestina a lo cual también contribuyó la promesa que los británicos hicieron a la Federación Sionista por medio de la Declaración Balfour en 1917, de crear un hogar nacional judío en Palestina, de cuyo impacto en la población se supo tras investigaciones realizadas entre la población autóctona. Un impacto que era claramente hostil al programa sionista, cuestión ésta que es la que mantenía más unida a la población palestina. Se trataba así, de imponer a un pueblo contrario a tal medida, una inmigración judía ilimitada, lo que suponía una violación flagrante de los derechos de los pueblos a decidir por sí mismos.
Todo ello llevaría a que en 1948, hubiera un nacionalismo palestino que, además sirvió de catalizador incluso, de un nacionalismo árabe transnacional. El problema palestino, nunca ha sido el drama de un pueblo de refugiados, sino un problema de ocupación militar hecho por Israel durante las guerras de 1948 y 1967 y que el Estado hebreo se niega a deshacer. Igual que se ha negado siempre a aceptar las resoluciones de la ONU, para lo que siempre ha tenido el apoyo de EEUU y de Alemania, eternamente deudora de Israel.
Una vez repasados los antecedentes a 1948, es difícil aceptar que fuera en esa fecha cuando se iniciara el conflicto y, además culpar a los palestinos por no aceptar compartir su territorio con unos extranjeros y no ver el origen de todo en la implantación forzada de una inmigración judía con un proyecto estatal bajo el brazo. Por tanto, no creo que se pueda acusar de antisemitismo, denunciar la complacencia con la que la comunidad internacional ha dejado a Israel campar a sus anchas desde 1967, sin presionarles para que cumpliesen los mandatos de la ONU.
         Ya por último, el desenlace final que está teniendo el proceso, viendo a la Autoridad palestina pedir a la ONU su inclusión como Estado observador, puede que sirva a quienes de siempre han culpado a Palestina de no aceptar la partición en 1948, para que digan que para ese caminar no hacían falta alforjas, cuando están reclamando la soberanía de unos territorios desmembrados y muy inferiores en extensión a los que hubieran obtenido de haber acatado el mandato de la ONU hace sesenta años.