domingo, 13 de febrero de 2011

Quien soy yo?

Cualquiera que siga la actualidad nacional aunque sólo sea por encima, incluso en la prensa gratuita, verá que muchos no quieren ser como son, o como parece que son. Me explicaré. La derecha política se desgañita desde hace mucho tiempo en tratar de convencer a los españoles que ellos son de centro, como si lo de ser de derechas fuese corrosivo como el ácido. Miren a señor Rajoy,cada lunes y cada martes nos ofrecen de él una imagen de persona llena de bondad, moderada aunque no resolutiva (qué diantre querrá decir esto, será un eufemismo?). Recuérdese que los moderados en el siglo XIX español, eran una escisión de los liberales frente a la otra parte de estos, los progresistas. Al final, fueron los moderados los que trazaron el perfil político de España y del que seguimos viviendo. 
Por contra, la derecha mediática presume de ser de derechas. Lo dicen desde sus púlpitos: "Estamos orgullosos de ser de derechas" y hacen bien, aunque sobran las palabras:"Por sus acciones los conocereis" decía alguien que no recuerdo. Por tanto, es malo o bueno ser de derechas? Dependerá de algo, como casi todo.
Por su parte, la izquierda abertzale a toda prisa quiere desvincularse de su pasado pro etarra, aunque no acabe rematando del todo, esto es, incluyendo la condena de los delitos cometidos por la banda. Así, ahora de pronto acaban de ver la luz de la verdad! Loado sean sus santos que les han iluminado aunque nadie les crea, como tampoco a la derecha. Esto puede conducir a una esquizofrenia y, como se ve por el panorama, no estamos sobrados de buenos políticos.
Permitanme una sobredosis de escepticismo que voy a ingerir, pero me huele a falsa conversión, ya saben, es algo tradicional en España no tragar con los conversos, se les hace pasar por el aro para luego no creer en ellos. Nos cuenta José Jimenez Lozano que los judios conversos para contentar a la Inquisición y mostrar su conversión al cristianismo, añadían el chorizo y la morcilla a sus cocidos como una afirmación de catolicismo, una especie de prueba del algodón que no convencía a nadie y menos aun a los cristianos viejos resabiados ellos. En fin, seguiremos la película.

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