martes, 6 de junio de 2017

Espléndido aislamiento

Cualquiera que conozca someramente algo de historia de Europa, habrá oído hablar de lo que en medios políticos y diplomáticos, se conocía como el "Splendid British isolation ", el espléndido aislamiento británico, que permitía a ese pueblo, por lo demás, laborioso y batallador, no comprometerse excesivamente con los asuntos continentales, o sea Europa. Ya se sabe, ellos son británicos y enfrente, al otro lado del Channel, está el continente. De esa manera, no era necesario tener alianzas y amigos comprometedores. Todo esto formaba parte de aquella estrategia que los gobiernos de SM, practicaban desde los tiempos de Disraeli. Y siempre les funcionó, uno podía vivir en su isla y salir de ella sólo para ir de caza o de negocios y, ya se sabe, con los negocios no se pueden tener amigos.
En caso de nacerles un brote de empatía, siempre tenían a sus "amigos", su "big brother" antes colonias, del otro lado del Atlántico, gracias a quienes salieron victoriosos en dos guerras mundiales. Es decir, los británicos, compromisos, los mínimos, "of course".

El siglo XIX pasó, y también el XX y los británicos, quizá hartos ya de tanto compromiso con ese dichoso continente, poblado por gentes que no acaban de comprender la verdadera esencia y hecho diferencial de los británicos, deciden separarse para volver de nuevo al pasado "splendid isolation". Les debía parecer que pagaban un alto precio a Bruselas, para lidiar con los problemas del continente, sobre todo el excesivo gasto, como cuando se quejaban de estar contribuyendo demasiado a las PAC, políticas agrarias comunes, ellos que que no cultivan cereales, naranjas o aceite. Y mucho menos para estar alimentando a los vagos del sur, los PIGS, Portugal, Italia, Grecia, y Spain, you know?

Pero la guinda que no han podido digerir, ha sido la de la inmigración desmedida de refugiados, políticos y económicos, que desde hace unos años, están invadiendo Europa y ellos, los británicos, precavidos como siempre, han decidido poner coto a tanto desmán. Que se nos van a colar hasta por las alcantarillas, los inmigrantes y, lo peor, que entre ellos vienen muchos terroristas camuflados, procedentes de esos países islámicos en guerra permanente, que culpabilizan a Occidente de sus desgracias. Terroristas que no vienen con buenas intenciones, ni buscando ayuda o refugio, no, vienen a dañar nuestra tradicional  "british way life", a corromper nuestros valores. Y es entonces cuando se les ocurre desconectar del continente, como quien apaga la TV, harto ya de tanta desgracia y tanto Masterchef, así de sencillo. Y sacan el Brexit, vaya memez, que me perdonen, los británicos, tan utilitarios ellos, que inventaron tantos artilugios industriales, todos muy prácticos, cuando su revolución. Pues en esta ocasión en vez de inventar algo para seguir avanzando, les ha dado por mirar hacia atrás, al pasado, al aislamiento, vaya, que no se puede negar su vena historicista.

En estos días de ataques terroristas que está sufriendo el Reino Unido, Londres, Manchester, de nuevo Londres, y ante una cierta ineficacia de los servicios de inteligencia de ese país, las perspectivas de victoria de la señora May, en las elecciones del día 8, se están viendo perjudicadas en el resultado previsto que se ha estado haciendo, favorecedor de una aplastante victoria de la Premier. Resulta, mis queridos amigos, que los terroristas del London Bridge, no habían llegado huyendo de ninguna guerra y con intenciones vengativas. Lo de vengativas, tal vez cuadre con ellos, pero eran Británicos, reconocidos como tales al igual que la reina Isabel, estaban fichados por la policía, hacían propaganda en publico del estado islámico, y los british, no se han enterado de nada y les han colado más goles. Esos cobardes, que anteponen su ideario criminal al amor a sus propios hijos, para acuchillar a gente inocente por la calle, no se merecen la presunción de nada, no son presuntos de nada, son psicópatas desquiciados, hijos de la Gran Bretaña, que les ha dado un lugar para vivir y acaban practicando esa afición tan entrañable para ellos de degollar a las personas como si fueran corderos pascual.
Tal vez no haya sido este el mejor momento para dejar de ver la tele, que también sirve para enterarse de lo que pasa, de lo que se hace por ahí ante situaciones como las que se están dando, en las que la colaboración a tope con todos los servicios de inteligencia y policiales del "continente", es más necesaria que nunca. Que se lo piensen. Mientras tanto, el mal carece de importancia para esta gente, es banal.

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